Tuesday, May 09, 2006

La Insoportable Gravedad del Riesgo

Hay riesgos en todos lados. Hay riesgos en la calle, en la oficina, en la casa, en el cine, en la disco o en el sauna. Y hay riesgos y riesgos. Hay un riesgo a caer mal (aunque a quién le importa), riesgo a perder plata (la que no tengo), riesgo a perder el tiempo (muy común), riesgo a que te vean en pelotas (para los que no vamos al gimnasio), el riesgo a ser feliz (no faltan los audaces), o incluso el riesgo a equivocarse (y quién no).

El arriesgarse a algo, a un desafío por ejemplo, siempre tendrá un fruto en el aprendizaje, sea bueno o malo. Eso no lo sabremos si no nos arriesgamos. El que nada arriesga, nada gana, dice el dicho. Hace un tiempo estuve en Coyhaique y me encontré con mucha gente joven de Santiago que en un arranque inesperado de búsqueda de mejorar la calidad de vida, se habían ido a vivir allá. El cambiar una ciudad tan ajetreada como ésta, a una ciudad bastante tranquila como esa, implica dejar de lado muchas cosas, pero ganar muchas cosas también. Con un cambio, que implique riesgo, se gana y se pierde. Yo mismo me arriesgué una vez yendo a mochilear a un país del norte. Pasé hambre incluso, pero lo comido y lo bailado, no me lo quita nadie. También recuerdo a mi primera pareja, que se arriesgó luego de conocerme y fue detrás mío hasta Valdivia. Luego sabría yo que esa no era una de sus virtudes, el arriesgarse. Pero por lo menos esa vez lo hizo, y estuvimos 3 buenos años juntos. Siempre lo admiraré por eso. El riesgo puede cambiarnos la vida.

Y por supuesto que hay riesgos que creo no vale la pena correr. No voy a poner las manos al fuego si es que me voy a quemar, a no ser que sienta placer al hacer eso (masocas habemos en todos lados, y estamos encubiertos, ja!). No voy a arriesgarme a viajar en la pisadera de una micro si es que existe el riesgo de caerme o no voy a dejar que mis sobrinos jueguen con un cuchillo si se pueden cortar. Y como contraparte a este hecho existe la prevención. No pongo las manos al fuego desde un principio, no me subo a la pisadera de la micro y no dejo los cuchillos encima de la mesa si mis sobrinos andan jugando por ahí. Prevenir antes que curar. Y así obtenemos la ansiada seguridad.

Y ahí está, el infaltable riesgo del VIH. Afortunadamente, este es un riesgo que podemos prevenir y controlar. Nosotros tenemos el poder en este riesgo. ¿Y para qué correr ese riesgo?. Si es tan fácil prevenir y evitar la transmisión (o la retransmisión). Ya casi todos sabemos cuándo estamos frente a ese riesgo. Cuando tengo sexo, o por el uso de jeringas (que en mi caso es nulo). Además del caso de las madres embarazadas, claro. Y más en especifico, en la penetración o si me trago el semen. ¿Y cómo me prevengo entonces?. Obvias las posibilidades para el primer punto. 1. No hacer nada con nadie. La nunca bien ponderada abstención, o sea, salvándose a pura manuela. 2. Tener sexo sin penetración. Las que podrían llamarse las Prácticas Sexuales Alternativas que son todas las cosas que podemos hacer sin tener que llegar a la penetración, como la masturbación mutua, el 69 y hasta sólo acariciarse para los más románticos. Un día de estos les contaré las cosas interesantes que se pueden hacer y que aprendí. 3. Tener sexo con penetración y con preservativo. La gran vía que casi todos usamos.

Creo que una de las mejores invenciones ha sido el condón, porque asumiendo el tiempo que nos tocó vivir, nos da la completa seguridad para disfrutar de algo tan exquisito como es el sexo penetrativo. Eso sí que hay que usarlo bien. Saber ponerlo y sacarlo. Tiene su técnica bastante fácil, pero hay que saberla. Además que lo encuentro higiénico. Yo lo visualizo como algo similar al cepillo de dientes. Puedo lavarme los dientes con el dedo y con agua, pero así me voy a llenar de caries en algún momento. Y a algún genio se le ocurrió inventar el cepillo y la pasta y transformarla en algo tan imprescindible que me hace devolverme a la casa cuando voy de viaje y el cepillo se me queda. Así, si tengo sexo sin condón, aparte del embarazo si tengo sexo con una mina, se me pueden transmitir algunas enfermedades venéreas (son caleta), o hasta el VIH. Y claro que también hubo un genio al que se le ocurrió inventar el condón y el lubricante, y ahora esto se ha transformado en algo tan imprescindible para mí, como el cepillo de dientes, si es que voy a tener sexo. Esas son cosas que no pueden faltar, de primera necesidad. Y otra cosa importante. El condón nos da seguridad. La seguridad necesaria para que toda la experiencia sexual sea un placer, inclusive el después. El recordar un buen sexo es genial. O sea, penetraciones placenteras y seguras. El riesgo se puede prevenir, y esa seguridad, es impagable.
Y con respecto al semen, bueno. Ya sabemos que a veces es re “jot”. Lastima que eso ya no se puede hacer, ese es un riesgo que tampoco vale la pena correr. En mi opinión, encuentro más “jot” terminar afuera, que la tontera se vea, se sienta, cómo viene caliente y ver cómo salta (si es que salta!), junto con la cara que ponemos los hombres al acabar (tema de mi próxima exposición fotográfica). No hay nada más sexy que una baja espalda llena de semen. O un pecho…o un cuello…o un pelo…o unos dedos…o…uf!!!. En gustos no hay nada escrito. Pero en riesgos, sí.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home