Tuesday, May 09, 2006

Cuba, no pienses en el dolor, piensa en el placer...

Por esas cosas de la vida, tuve la suerte de que mi trabajo quedara seleccionado para una presentación oral en un Congreso que se llevó a cabo en La Habana del 7 al 12 de Abril, y por arte de magia, me vi subiendo a un avión una madrugada.

Cuba nunca fue uno de mis lugares deseados para visitar. No me gusta la salsa, y Fidel con su revolución, y el embargo, me parecían algo muy lejano. Además, eso de que el que sale no puede entrar me parece insólito, demasiado en contra con mi idea de derechos humanos.

Llegamos con una humedad abrumadora, y luego de toda la paja del hotel, esa misma tarde, partí al centro. Desde el taxi me encontré con un paisaje precioso, tanto la vegetación como la arquitectura son increíbles. Unos árboles con muchas raíces y unas casas fantásticas producto de todo la plata que había antes de la revolución (ahora esas casas son ocupadas por embajadas).

Luego de un paso bajo nivel recorrimos el famoso Malecón, que es como una costanera de 7 km. en donde en las noches se reúne mucha gente. Ahí empecé a ver edificios y casas muy antiguas, casi como que hubiera habido un bombardeo, y entonces llegamos al centro turístico, conocido como La Habana Vieja. Llegamos a la Plaza de la Catedral que era un lugar precioso, con piso de piedra y rodeada por los 4 costados y con calles muy angostas. Todo era como antiquísimo, pero lo que me mató, fue que en el restorán había un grupo de música estilo Buena Vista y un viejito bailando con un bastón. Increíble la escena.

Y luego la realidad. Los cubanos suelen acercarse a los turistas para pedirles algo (dólares, comida, etc.), y son bastante insistentes. Aunque te duela el alma, lo mejor es ser cortante. Y ese mismo día supe algo que me gustó. Se puede tomar en la calle. Eso sí, para los cubanos no es muy barato, así que no recuerdo haber visto gente borracha en las calles (excepto los turistas, claro). A los extranjeros nos conviene el cambio, así que la comida no es muy cara, inclusive lo más caro que se puede encontrar son los precios similares a los de un restaurante de acá. No hay que perderse los mojitos.

La ciudad es increíble. Me lo caminé todo, y pude ver cómo esa ciudad se quedó en el pasado, con la mayoría de vehículos antiguos, y muchos edificios en el suelo. Eso si, hay edificios como el Capitolio (reproducción del gringo), el Teatro, la Plaza de la Revolución, que son espectaculares e impresionantes por la historia y el significado de ellos. También un día fui a la playa Santa María (no fui a Varadero, porque no quise ver muchos turistas), con una arena espectacular, mar color turquesa y con mucho que mirar.

Una de las mejores cosas que encontré, fue que no hay publicidad comercial ni en las calles ni en los caminos. Y los paisajes se ven bonitos, limpios. Hay publicidad, pero del tono “No malgaste la luz”, “No derroche el agua”. Fue como ver la diferencia real entre ese modelo y el capitalismo cuyos mensajes subliminales son “consume”, mientras que en Cuba es “ahorra”. De vez en cuando aparece un cartel alusivo a la revolución, pero eso inclusive se agradece, ya que son levanta ánimos con palabras como “fuerza”, “victoria”, etc.

Lo malo, siempre será ese asunto extraño que se refiere a no dejar salir a los cubanos de Cuba. Y los que llegan a salir, sea en balsa a Miami, a estudiar o por carta de invitación, no pueden volver. Y está lo trágico que pasó cuando yo estaba allá, que fusilaron a tres personas que raptaron una lancha para llegar a Miami. Sin comentarios al respecto. En el Congreso estuvo Fidel, y aunque es una impresión ver un personaje histórico de esa naturaleza (me dio escalofríos), el tipo es del estilo Pinochet, o sea, con discursos largos (habló cerca de 3 horas) y hablando de casi cualquier cosa.

La homosexualidad no está permitida en forma explícita. Si los policías que están cada dos cuadras, te ven haciendo algo concreto, es posible que al cubano lo multen y a ti te hagan pasar un buen susto. Sin embargo, hay una disco camuflada que queda en el Malecón, una playa un poco más allá de Santa María, y está la famosa heladería Coppelia, en cuya esquina se junta la mayoría de los gays (es impresionante el desfile).

Y hay fiestas clandestinas. Viernes, Sábados y Domingos. Es raro porque estás parado en esa esquina y se te acerca un taxista: “¿Taxi para la fiesta?”. Yo no tardé mucho en decidirme y llegamos a una fábrica abandonada en el medio de un campo. La fiesta era al aire libre y había un DJ con música de la época de la Soviet de Viña. El bar vendía botellas de ron con la bebida cola de allá, "TuCola", así que todo pasando. Y mucha, mucha gente. Después de la segunda botella de ron y de hablar con media Habana, me di cuenta que la fiesta se había acabado. Todo en Cuba cierra a las 2, y algunas fiestas, como esta, a las 3 de la mañana. El taxista había quedado de ir a buscarme así que de repente apareció y me llevó directamente al Malecón, que es donde se juntan los gays después de la fiesta. Ahí estuve conversando con la otra mitad de La Habana hasta las 6 de la mañana.

Y hay otro tema. No sé si es por el embargo o por otra cosa, pero Cuba es un país, a nuestros ojos chilenos occidentales, muy pobre. Tampoco hay opciones o posibilidades de acceder a cosas materiales aunque trabajes (puedes conocer cubanos que ganan 5 dólares mensuales). La salud es gratis, al igual que la educación, y los cubanos tiene derecho a mercadería dos veces al mes, lo que me parece un buen modelo, pero éste se cae al no dar las oportunidades de optar a algo mejor. Y es por eso, creo yo, que muchos cubanos hacen favores a cambio de dinero, sexo, o hasta te piden dinero directamente. Y hay algunos que se “aseguran” estando contigo para tener comida o dinero por unos días. No tienen dinero, así que si conoces a alguien, tendrás que pagar todo doble.

Yo personalmente no considero que eso sea prostitución (sin pensar en juzgarla tampoco), pero creo que para muchos cubanos es la forma de acceder al dinero para comer o inclusive movilizarse. Y eso para mí es un tema cultural, y quién sabe si uno no haría lo mismo?.
Y el tema es complicado (para uno que viene del capitalismo) porque es fácil para uno juzgar y decir: “pobrecitos, tienen que prostituirse, que pena”. Pero creo que no es así. Creo que tienen una necesidad y sólo la están satisfaciendo. Yo lo considero trueque, no prostitución. Esa forma de comercio básica de las sociedades antiguas. Y tienen una sociedad que si satisface las necesidades básicas (salud, educación gratis), pero que no satisface las necesidades de auto realización.

Y es cierto que uno puede "estar" con cualquier weón rico (hay cubanos con cuerpos increíbles), pagando o no pagando, jabones más o shampoos menos, pero lo que podría ser una subida de ego, no lo es tanto, porque nunca sabrás si le gustas al tipo o no. A no ser que no te cobren o no te pidan favores. Y si tienes buena suerte conocerás muchos cubanos que son muy buenas personas, a las que sólo les ha tocado vivir esa vida, pero que sin duda, no se rendirán. Tienen una entereza de acero. Por mucho que les duela, igual saben gozar.

Dedicado a Tom de Finlandia.

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