Happy Together
¿Qué haría yo sin mis amigos?. Siempre me lo he preguntado. Seguramente podría seguir viviendo, no hay duda, pero seguramente se me haría todo más difícil. Tampoco tengo tantos amigos. Buenos, amigos, me refiero, los que han estado conmigo en etapas importantes de mi vida.
De mis amigos de colegio sólo veo a uno más seguido, y creo que sólo porque ha emprendido el mismo camino que yo.
De mis amigos de universidad sólo mantengo contacto por correo electrónico, o por teléfono. Son muy pocos los que veo una o dos veces al año.
Y sólo mantengo contacto fluido con uno o dos amigos del resto de mi vida.
Siempre es una sorpresa y un agrado encontrarme con algunos, incluso recibir correos de ese par de grandes amigos que están en el extranjero.
Y cuando viajo, intento verlos, porque me gusta alimentarme de sus experiencias. Al menos saber que están bien.
¿Y quienes son mis amigos ahora?. Los que están cerca de mí en la etapa que estoy viviendo. Y aunque sigo teniendo varios y muy buenos amigos heteros, se ha agrandado mi círculo de amigos que cotizan.
Y a algunos los he conocido por mis ex, otros por la disco, o por el trabajo.
Me acuerdo haber estado muy sorprendido la primera vez que me junté con el grupo de amigos de una pareja que tuve. Eran todos bastante simpáticos en un principio, y estoy seguro que la mayoría eran buenas personas, pero fue increíble descubrir una dinámica a la cual aun no me acostumbro: el famoso “palabreo”. Era increíble la cantidad de ácidos improperios que se lanzaban de un lado a otro. Claro que había dos que eran expertos, de lo que ellos llamaban “conchazos”. Era bastante incómodo, aunque debo confesar que a veces me parecía gracioso.
Y ahí estuvo el problema, porque en algún momento me acostumbré a esa dinámica. Pero ahora mirando hacia atrás, me pregunto: ¿por qué si eran tan amigos, se trataban tan mal? ¿por qué no se querían un poco más y en vez de lanzarse esos dichos muchas veces dolorosos, se tiraban buena onda?, ¿por qué cuando se iba uno de ellos, el resto lo “descueraba”?. Al final, esa dinámica me saturó, y por ese y otros motivos terminé alejándome. Y esto lo he visto en otros grupos de amigos, e inclusive en grupos de trabajo de personas gay que me han hecho salirme también y no trabajar más con ellos. Y creo que no soy el único.
Esto no lo he visto entre mis amigos hetero u otros que grupos hetero que he conocido. Claro que son otras dinámicas, pero dentro de mi percepción, son menos dolorosas. Hasta cuando me reuní el sábado pasado con mis amigos de universidad en una despedida de uno de ellos, llegó un momento de abrazos y buenos deseos, y hasta un momento de emoción, que me hizo sentir muy querido aunque no los vea nunca.
Y tal vez el motivo por el que no los vea tanto es porque estamos viviendo cosas diferentes. Algunos con guaguas, casados, con pololas, ya más caseros, y yo sigo yendo a las discos. Aunque es obvio que podemos conversar como siempre, los temas de interés han cambiado.
Ahora creo que tengo un grupo de amigos reducido. Tal vez uno se pone más mañoso, o más exigente (quisiera pensar que más sabio) pero al conocer gente nueva, uno se pone más desconfiado, como intentando ver si el otro está en mi frecuencia. Y al final, creo que la buena onda atrae buena onda. Recuerdo que al presentar mis parejas entre mis amigos, inmediatamente se ha creado una buena onda con todos ellos, unos más, otros menos, claro. Y con las parejas de mis amigos también pasa.
Y con mi ex polola nos preguntábamos el por qué de esa “suerte”. La conclusión es que no es suerte, sino que todos tenemos la capacidad y la habilidad de juntarnos con gente de buena vibra. Sólo debemos ser sinceros y transparentes. Lo demás, cae de cajón.
Mientras escribo esto, mi “ahijada” (tenía las mismas inclinaciones que yo, y tuve el agrado de mostrarle parte de este mundo) me llena de palabras de alegría porque iré a verla la próxima semana. Que felicidad saber que mis amigos se alegran de verme, y yo de verlos.
Claro que no todo es un lecho de rosas. Como dije tengo los mejores amigos que un hombre puede tener, pero igual me hacen rabiar.
Uno piensa que por ser amigos, tengo que pensar igual que él, ir a los mismos lugares que va él, y reaccionar de la misma forma que lo hace él. Y no sabe lo rico que ha sido cuando hemos compartido nuestras diferencias.
Una tiene la autoestima muy baja, y no sé cómo apoyarla, protegerla, y darle la seguridad que necesita. Y no sabe que muchas cosas de las que he vivido los últimos tiempos han sido apoyadas por ella.
Uno me exige demasiado, como si yo tuviera que comportarme de una manera única por ser su amigo. Y no sabe lo feliz que lo he pasado cuando hemos estado carreteando relajados.
Hay uno con el que comparto la pasión por la música, uno que se queja que no lo llamo, siendo que es él, el que no se comunica cuando está en Santiago, etc.
Y hay una amiga en el norte que es mi alma gemela, como dicen por ahí. El llanto nos une, y aunque no nos veamos nunca, nos basta mirarnos a los ojos para saber cómo estamos.
Y algunos de ellos son personas con las que alguna vez tuve algo, porque de los ex pareja como amigos ya hablé en “Los Chicos no lloran, dicen”.
Y nuestras parejas actuales ¿son también nuestros mejores amigos?. Yo creo que debieran serlo en muchos aspectos. Deben serlo. Aunque nuestro círculo de amigos es nuestra familia, y nuestra pareja nunca debe alterar eso, aunque sea un grupo de amigos como el de “Queer as Folk”.
La idea es que al preguntarnos: “¿Qué haría yo sin mis amigos?”, la respuesta pueda ser: “estaría muy solo”. Y yo no lo estoy y no lo estaré nunca, porque mientras seamos amigos, estaremos todos Felices Juntos.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home