Tuesday, May 09, 2006

La Divina Esperanza

En ese tiempo yo estaba en la U. Lo escuché en las noticias a la hora de almuerzo. En la noche mi vieja me preguntó si había sabido. “”, le dije. “No tenía idea que hubiera una discoteque gay”. Y ella me sorprendió: “El Juan Carlos dicen que murió en el incendio, nadie sabe de él, y parece que era maricón”. Juan Carlos era un tipo mayor que yo que vivía en mi mismo pasaje, bastante pintoso, delgado, siempre peinado con gel, y que había estado saliendo con mi hermana. “¿El era maricón?”, pregunté sorprendido, al mismo tiempo que pensaba en por qué el destino no nos había hecho más amigos. Al final, era cierto. Juan Carlos fue uno de los 18 homosexuales que murieron en el incendio de la Divine.

Años después, cuando incluso los chistes crueles referentes al hecho se habían acabado, vine a saber cómo había sido todo. Que la Divine era la disco más entretenida de Valparaíso en ese tiempo. La disco típica de puerto, con ese aire entre folclórico y patético. Pero por unanimidad era en la que se pasaba mejor. Me contaron que pasaba llena, que viajaba mucha gente de Santiago a pasar la noche, o en busca de una cara nueva.

Para algunos de mis amigos fue a la primera disco que fueron. Con miedo, porque estaba en una calle central, dándose muchas vueltas por la cuadra hasta darse ánimo de subir a ese 2° piso. De hecho, uno de mis mejores amigos no fue ese día porque peleó con su pareja. Quizás que sería de mi vida si las cosas hubieran sido diferentes. Y más, amigos de mis amigos murieron ahí. Gente que, como dice Pedro Lemebel, pensó que en las películas habían dicho que era mejor encerrarse en el baño. Gente que se apresuró a salir, pero al encontrarse la puerta de escape con llave, se fueron apiñando para morir ahogados, abajo. Debajo de toda la gente.

Dicen que fue un atentado. Dicen que alguien con prontuario lanzó una bomba en el acto homofóbico con más alta repercusión de los últimos años (porque ciertamente no ha sido el único). Otros dicen que fue un accidente. Que la casa era vieja, que las conexiones eléctricas eran deplorables y que las cortinas y la parafina con la que enceraban, fueron las causantes del mortal incendio. Dicen que la llave de la puerta de escape no estaba. No es extraño. Dicen que mucha gente saltó desde el 2°. Dicen que políticos estaban ese día. No es extraño, podría nombrar a varios que he visto. Todas las anteriores.

Y los rumores sobraban en la época. Incluso en ese tiempo se aseguraba que Fernando Ubiergo había muerto en el incendio. Que afuera estuvo estacionado mucho tiempo su jeep. En efecto, había un jeep. Pero era de un conocido de mis amigos.

Si no fue un accidente, mal por la seguridad. Desde entonces acostumbro buscar las vías de escape de los lugares. Juan Segura vivió mil años, dicen.

Y si fue un atentado, que pena. Actos así, casi terroristas, dan pena. Pena por el poco respeto al otro, al que yo pueda ser diferente, pena porque me imagino que se sienten amenazados de alguna forma, que sufren al ver a dos hombres juntos, en pensar quizás con asco el sexo entre hombres. No sé las razones de ese concepto incoloro que es la homofobia.

Estoy completamente de acuerdo, que por ser una minoría, sea menos común, y sea más “anecdótico” ver a dos hombres juntos, que se quieren, que se besan, o incluso imaginarse cómo lo hacen en la cama. Pero de ahí a querer matarte, eso es muy extraño. ¡¿Cómo cresta dos hombres juntos amenazan esa institución que se llama “familia”?!. No lo entiendo. Igual a mi no me gustan todas las formas de vida, tal vez no comulgue con otras culturas, pero la idea es respetar y vivir sin molestar a nadie ¿no es cierto?.

Y lo más increíble de todo. Que la muerte de 18 de nosotros a nadie le haya importado.
Aparte de un grupo de amigos de los fallecidos, y uno que otro sujeto con aspiraciones de líder, nadie alzó la voz. Pero los medios, excepto por los chistes, nunca siguieron el caso. Y lo peor fue eso. Que nunca la policía investigó, ni se siguió ningún proceso legal por el hecho. Vergonzoso. En plena vuelta de la democracia mueren 18 personas y a nadie le importa.

Y hoy cabe recordar algunas cosas.
Que Gladys Marín aparecía en las marchas gay, cuando históricamente, tanto en Chile, como la Unión Soviética, la izquierda consideraba a la homosexualidad como “un pecado capitalista”.
O que el Opus Dei nos considera como enfermos (Lavín ES Opus Dei).
O que en abril de 1973, en pleno gobierno de la UP, se realizó la primera marcha gay en Chile, y que los diarios tanto de izquierda como de derecha titulaban la noticia con: “Ostentación de sus desviaciones sexuales hicieron los maracos en la Plaza de Armas”, “Repugnante espectáculo: ¿y la policía?”, “Estos asquerosos especimenes quieren que el casamiento entre hombres sea legal. Deben estar enfermos del mate. Sus desviaciones sexuales ya no tienen límite”. Y pensar que alguno de esos titulares podría ser de algún diario popular hoy en día.
Me quedo con la boca abierta.
Me preguntó si soy repugnante.
Y sólo atino a desear que algún día haya esperanza, una necesaria y divina esperanza.

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