Tuesday, May 30, 2006

Aquí no hay quien viva


Las cagó esta serie...no hay palabras. No por algo se ha ganado el premio al mejor guión desde hace un par de años.

Desde el portero Emilio y su freak viejo Mariano, Juan Cuesta el presidente de la comunidad, su pareja la hierba (se acaba de ganar el premio a mejor actriz secundaria) y su ex mujer en coma (Loles León) y sus hijos Natalia, Pablo, Alex y Josemi (el gordito superdotado), las 3 viejas solteronas Vicenta (la aún virgen), Marisa y Concha, la golfa Belén y su madre (la torrijas), la pija Lucía y sus dos parejas Roberto (el de los comics), Carlos y más encima el cubano Yago (el de Habana Blues), Paco el del video club...demasiado bacán...hasta las zapatonas Bea y Ana (la modelo) que tienen un hijo con Mauri y Fernando. Mauri y Belén se han gaando algo así como los APES de España durante varios años.

Dicen por ahí que esta serie atenta contra el concepto de familia y las buenas costumbres, porque trata con cruda naturalidad los rollos entre padres e hijos, los intensos rollos entre pareja, se roban, se cagan, se celan, se envidian, se meten en la vida de todos, a veces el guión es re fuerte pero cubierto con chistes secundarios de antología...y wevean a Pinochet en todas las temporadas (especialmente las viejas que amenazan con hacer un "Pinochetazo" haciendose las enfermas para no asumir sus condoros). Pero la verdad es que representan de la mejor manera un concepto de familia real, en donde se asumen las necesidades y al final igual el amor es lo más importante...

Lo mejor es la naturalidad de la pareja de Mauri y Fernando...accidentada, intensa, real. Cuando Fernando se fue a trabajar a Londres (Adriá Collado, el actor, se fue de la serie) , Mauri anduvo con Diego, el hermano de la pija, que después se casó con el "canguro" (babysitter) de Ezequiel, el hijo de Mauri con Bea. Pero Fernando volvió de Londres en la 3a temporada (Adriá firmó nuevo contrato)...y esta temporada (5a) se casan...

Pa cagarse de la risa cuando Lucía y Roberto se van a casar y les organizan despedidas de soltero. De pelos la discusión entre Mauri y Fernando por quién va a cuál despedida...la loca a la de las minas y el varonil a la de hombres?...me ha pasado!


Quien no lo haría con Fernando!




"Aquí no hay quien viva" - Antena 3 - Capítulo de estreno miércoles a las 21:00 hrs, con repeticiones el sábado a las 18:00 hrs y el domingo a las 12:45 hrs.

Tuesday, May 09, 2006

Vendo CD Kamasutra Gay


Parte I – Taller de Sexualidad

Se divide en tres partes: Dinámica 1, Dinámica 2, y Templo de las Sensaciones.

Dinámica 1. Comienzo de la exploración del placer. Se incluyeron temas incidentales (sin voz reconocible), con una finalidad de relajación. Se escogieron temas de la Banda Sonora de la película “Hamam, El Baño Turco”.

1. Hamam
2. Ilk Uyku
3. Dunya
4. Hamam (Bosphorous Version)
5. Hastane

Dinámica 2. Exploración del placer. Se incluyeron temas incidentales de corte sensual, también temas de la Banda Sonora de la película “Hamam, El Baño Turco”.

6. Disiu
7. Gece Ziyareti

Templo de las Sensaciones. Se incluyeron temas cantados y también de corte fácilmente reconocibles como de corte sensual. Se incluyeron temas de las cantantes Vanessa Daou, y Madonna (dos canciones popularmente reconocidas como sensuales – Justify my Love y Erotica).

8. Near the Black Forest - Vanessa Daou
9. Sunday Afternoon - Vanessa Daou
10. Justify my Love – Madonna
11. Erotica - Madonna

b) Parte II – Lo Empírico

Se estructura una relación sexual mediante temas musicales relacionados: Acercamiento, Juegos, Seducción, Conquista, Unidad y Relajo.

Acercamiento (12). Un tema de corte sensual, de manera que incite a una etapa superior y que se refiera al otro como un ente eróticamente atractivo. Se escogió un tema de Toni Braxton – You’re Makin’ me High.

Juegos previos (13). En esta etapa un tema musical que incite un poco a la posibilidad de jugar con ambos cuerpos, en particular, se refiera a la etapa de los besos. Se escogió un tema de George Michael – Spinning the Wheel.

Seducción (14). En este punto la música debe ser un catalizador de la situación, ya no debe ser el factor más importante, la pareja no debe notar su presencia, sólo en una medida “hipnotizadora”. Se escogió un tema con una base y percusión musical continua y estable, de manera de inducir lentamente a un cierto trance. Se escogió un tema del grupo inglés Bowery Electric – Lushlife (Vida de lujo).

Conquista (15). En este punto, al igual que en la fase anterior, la música no debe ser lo más importante, siempre y cuando induzca a una conquista en donde ya no hay regreso. No falta, eso sí, un toque de romanticismo. Se escogió un tema de Massive Attack – Angel.

Unidad (16). En este punto de clímax, la música debe tener las mismas características de los dos últimos temas, pero además debe llevar una fuerza y agresividad característica de la relación sexual. Se escogió otro tema del grupo inglés Massive Attack – Inertia Creeps (La Inercia asusta).

Relajo (17). En este punto, la música vuelve a aparecer en primer plano, pero no debe ser un factor de molestia, debe acompañar el relajo propio post relación, y debe ser agradable a los sentidos. Se escogió un tema de Patti Smith & su esposo Fred Smith – It takes Time.

c) Parte III – Epílogo (18)

Se escogió como cierre a la compilación un tema de Chris Isaak, cuya voz popularmente reconocida como sensual canta el tema “Wicked Game”, del cual podemos hacer una posible y libre interpretación como referencia a la homosexualidad, y el pensamiento a veces negativo frente a la relación sexual pasada.

Cazados por la Mafia

Hace días que estoy harto por todo el asunto de Spiniak y la tropa de pedófilos. Estoy harto de la prensa que divulga una y otra cosa, sin tener un norte, publicar por publicar, dar información a destajo sin detenerse a pensar en lo que para mí es relevante de destacar. El abuso de acá y de allá. El abuso en una sociedad mal equilibrada y en donde parece que todo está permitido si hay plata de por miedo. Estoy harto que en la prensa no se diga nada por su nombre. Tal vez cuánta gente con poder está involucrada, o al menos toda la gente que maneja el poder, los conozcan.
Primero la información. El Sr. Spiniak teniendo fiestas y orgías sexuales con menores contratados para ello. Ahí hay varios temas involucrados, pero que no necesariamente son los relevantes.
Me he cansado de escuchar hablar sobre las “horrendas prácticas” y de las “pervertidas escenas” que se relatan en los videos de las fiestas. Incluso hasta en la prensa supuestamente alternativa apareció un reportaje en donde la descripción de estas “aberraciones sexuales” fueron el único contenido.
Está bien.
Sus prácticas serán muy diferentes a lo que yo definiría como una práctica sexual placentera, pero cada uno tiene derecho a tener sus perversiones y manejarlas dentro de su espacio privado. Mucha gente práctica cosas parecidas, u otras que podrían parecer como “anormales”, pero quién define la normalidad. Yo no me atrevería. Y de hecho en Internet está plagado con imágenes de esas prácticas escatológicas o de muertes, etc. Y si alguien siente placer con ellas, bien por él. Pero no me parece que eso sea lo importante.
Tampoco creo que el tema pase porque estos chicos son de la calle y recibían de 30 a 70 mil pesos. Aunque ellos siempre aparecen hablando sobre sus “clientes”, y que hayan aceptado participar en esas prácticas, no quiere decir que sus derechos no han sido vulnerados. Está bien. Ellos sabían a lo que iban. Incluso si son capaces de reconocer a un “cliente”, significa que más de alguna vez habrán ido.

Y tampoco importa que fulanito de la política haya participado, o que menganito de la tele aparece en los videos. Me da lo mismo quién haya participado. Me queda claro que por todo el halo de misterio significa que efectivamente hay gente de poder en el grupo. Eso es lo relevante para mí. Alguien que usa el poder económico y político para esconder su delito o el de su amigo.
Y más encima con los que se nos viene encima. Estoy cansado (esta fue la gota que rebalsó el vaso) que la prensa asocie la pedofilia con la homosexualidad.
Si hasta Pablo Huneeus en su famoso mail en donde expuso los políticos involucrados trata de que “ahora a los gay no se les puede tocar”. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?. Que las prácticas sexuales hayan sido homosexuales no tiene nada que ver con lo que realmente es relevante, al menos para mi.
Para mi lo relevante es que hay chicos que han sido vulnerados en sus derechos. Dicen que había chicos de 12 a 18 años. De los de 12 años ni hablar. Insisto, por mucho que ellos hayan sabido a lo que iban, creo que tener un despertar sexual tan irruptivo como ese, no me parece. Bueno y además es un delito penado por la ley. Frecuentemente hablamos de que puede haber sido “un pendejo que tiene edad de merecer”, pero no nos damos cuenta del abuso sistemático (ayudado por el vil dinero) que se les hace a los adolescentes.

Y aunque a los 18 años uno tiene más conciencia de lo que hace y tiene sexo como loco (o por lo menos quiere tenerlo), el sentirse obligado a hacer algo que tú no quieres o no tienes ganas, y lo haces o por dinero o por comida, me parece terrible. La juventud de una persona me parece que es una época en que se debiera gozar la vida de la manera más libre, cuando aún no se tiene tantas responsabilidades.
Bueno, ¿qué hablo yo de responsabilidades si a esa edad era el regalón de mi casa, nunca me faltó un plato de comida y más encima me pasaban unos pocos pesos para la semana?
¿Estuve yo viviendo bajo el puente, “cagándome” de frío en invierno, no poniéndome condón porque sencillamente no tengo acceso a ellos?
Para mí el problema que ha salido a la luz pública es más que lo aborrecible de la pedofilia. Es el abuso sistemático que se hace de los grupos menos visibles. De grupos que han sido excluidos de las oportunidades y decisiones que hemos tenido la mayoría. De grupos para los que las leyes no sirven, de grupos que necesitan un cambio radical, no una solución de parche que se olvidará apenas la Quenita se case de nuevo.
Me pregunto hasta cuando el abuso de poder.
Dicen que hay chicos que han desaparecido. Quién puede saberlo si pueden perfectamente haber sido asesinados sin dejar rastro.
Tal vez algún chico amenazó a alguien con delatarlo. Si algún pendejo cometió el error de hacerlo, debe yacer bajo 3 metros de tierra a muchos kilómetros de aquí. Y nunca sabremos lo que realmente pasó. Porque es un poder invisible pero tangible, porque tiene forma de billete.
A los chicos los cazó la mafia del dinero.

La Divina Esperanza

En ese tiempo yo estaba en la U. Lo escuché en las noticias a la hora de almuerzo. En la noche mi vieja me preguntó si había sabido. “”, le dije. “No tenía idea que hubiera una discoteque gay”. Y ella me sorprendió: “El Juan Carlos dicen que murió en el incendio, nadie sabe de él, y parece que era maricón”. Juan Carlos era un tipo mayor que yo que vivía en mi mismo pasaje, bastante pintoso, delgado, siempre peinado con gel, y que había estado saliendo con mi hermana. “¿El era maricón?”, pregunté sorprendido, al mismo tiempo que pensaba en por qué el destino no nos había hecho más amigos. Al final, era cierto. Juan Carlos fue uno de los 18 homosexuales que murieron en el incendio de la Divine.

Años después, cuando incluso los chistes crueles referentes al hecho se habían acabado, vine a saber cómo había sido todo. Que la Divine era la disco más entretenida de Valparaíso en ese tiempo. La disco típica de puerto, con ese aire entre folclórico y patético. Pero por unanimidad era en la que se pasaba mejor. Me contaron que pasaba llena, que viajaba mucha gente de Santiago a pasar la noche, o en busca de una cara nueva.

Para algunos de mis amigos fue a la primera disco que fueron. Con miedo, porque estaba en una calle central, dándose muchas vueltas por la cuadra hasta darse ánimo de subir a ese 2° piso. De hecho, uno de mis mejores amigos no fue ese día porque peleó con su pareja. Quizás que sería de mi vida si las cosas hubieran sido diferentes. Y más, amigos de mis amigos murieron ahí. Gente que, como dice Pedro Lemebel, pensó que en las películas habían dicho que era mejor encerrarse en el baño. Gente que se apresuró a salir, pero al encontrarse la puerta de escape con llave, se fueron apiñando para morir ahogados, abajo. Debajo de toda la gente.

Dicen que fue un atentado. Dicen que alguien con prontuario lanzó una bomba en el acto homofóbico con más alta repercusión de los últimos años (porque ciertamente no ha sido el único). Otros dicen que fue un accidente. Que la casa era vieja, que las conexiones eléctricas eran deplorables y que las cortinas y la parafina con la que enceraban, fueron las causantes del mortal incendio. Dicen que la llave de la puerta de escape no estaba. No es extraño. Dicen que mucha gente saltó desde el 2°. Dicen que políticos estaban ese día. No es extraño, podría nombrar a varios que he visto. Todas las anteriores.

Y los rumores sobraban en la época. Incluso en ese tiempo se aseguraba que Fernando Ubiergo había muerto en el incendio. Que afuera estuvo estacionado mucho tiempo su jeep. En efecto, había un jeep. Pero era de un conocido de mis amigos.

Si no fue un accidente, mal por la seguridad. Desde entonces acostumbro buscar las vías de escape de los lugares. Juan Segura vivió mil años, dicen.

Y si fue un atentado, que pena. Actos así, casi terroristas, dan pena. Pena por el poco respeto al otro, al que yo pueda ser diferente, pena porque me imagino que se sienten amenazados de alguna forma, que sufren al ver a dos hombres juntos, en pensar quizás con asco el sexo entre hombres. No sé las razones de ese concepto incoloro que es la homofobia.

Estoy completamente de acuerdo, que por ser una minoría, sea menos común, y sea más “anecdótico” ver a dos hombres juntos, que se quieren, que se besan, o incluso imaginarse cómo lo hacen en la cama. Pero de ahí a querer matarte, eso es muy extraño. ¡¿Cómo cresta dos hombres juntos amenazan esa institución que se llama “familia”?!. No lo entiendo. Igual a mi no me gustan todas las formas de vida, tal vez no comulgue con otras culturas, pero la idea es respetar y vivir sin molestar a nadie ¿no es cierto?.

Y lo más increíble de todo. Que la muerte de 18 de nosotros a nadie le haya importado.
Aparte de un grupo de amigos de los fallecidos, y uno que otro sujeto con aspiraciones de líder, nadie alzó la voz. Pero los medios, excepto por los chistes, nunca siguieron el caso. Y lo peor fue eso. Que nunca la policía investigó, ni se siguió ningún proceso legal por el hecho. Vergonzoso. En plena vuelta de la democracia mueren 18 personas y a nadie le importa.

Y hoy cabe recordar algunas cosas.
Que Gladys Marín aparecía en las marchas gay, cuando históricamente, tanto en Chile, como la Unión Soviética, la izquierda consideraba a la homosexualidad como “un pecado capitalista”.
O que el Opus Dei nos considera como enfermos (Lavín ES Opus Dei).
O que en abril de 1973, en pleno gobierno de la UP, se realizó la primera marcha gay en Chile, y que los diarios tanto de izquierda como de derecha titulaban la noticia con: “Ostentación de sus desviaciones sexuales hicieron los maracos en la Plaza de Armas”, “Repugnante espectáculo: ¿y la policía?”, “Estos asquerosos especimenes quieren que el casamiento entre hombres sea legal. Deben estar enfermos del mate. Sus desviaciones sexuales ya no tienen límite”. Y pensar que alguno de esos titulares podría ser de algún diario popular hoy en día.
Me quedo con la boca abierta.
Me preguntó si soy repugnante.
Y sólo atino a desear que algún día haya esperanza, una necesaria y divina esperanza.

Me Enamoré de un Hetero

Hace muchos años, cuando estaba en el colegio, me enamoré de un hetero. Fuimos compañeros desde 2º básico, pero no me percaté de su existencia hasta cuando se empezó a sentar a mi lado en 8º Básico. Era un tipo muy tímido y quitado de bulla, casi sin amigos, y muy conservador. Venía de una familia sectaria y era, más encima, muy machista. Pero tenía una cosa que me mataba. Fuera de su fornido cuerpo y serio aspecto, era un niño. Era un niño que deseaba ser protegido y querido. Yo igual creo que era un poco parecido a él, y nos convertimos en yuntas en cosa de días. Ya para 4º medio sólo nos separábamos cuando uno tomaba el bus (vivíamos en ciudades diferentes). Incluso uno de los recreos estaba reservado para estar con el otro. Nos reíamos, comíamos, conversábamos hasta altas horas de la noche, caminando por esas calles silenciosas de la V Región. Incluso hicimos planes para en un futuro trabajar juntos. Inclusive nos peleamos por la misma mina. Y los malditos celos. Su ferviente deseo de que yo fuera como él. Y era tan intenso todo, que a la menor razón se quebró. De ahí nos dejamos de ver tan seguido. Cada vez menos, hasta que no lo vi por años. Hasta cuando me vine a vivir a Santiago. Estaba en una micro intentando pasar con mi bolso por el repleto pasillo, cuando escucho una voz que me dice: “Maco”. Yo levanté la cabeza, a la vez que las piernas me temblaron. Ahí estaba, más pelado, pero tan peludo como siempre. Parecía un caballero. Blanco y con cara de desencantado. Sin embargo, sonrío y me dijo: “¿Cómo estás?”. “Bien, ¿y tú?”. “Me casé”. Me quedé helado. “¿Y qué tal?”, le respondí. Y con una pálida resignación, me contestó: “Bien”. Al rato, cuando se bajó de la micro, no pude evitar que se me cayeran un par de lágrimas. Y entonces recordé cuán protegido me sentía.

Hace unos años, cuando estaba en la universidad, me enamoré de un hetero. Entramos juntos a la carrera en una U al sur. Y ambos habíamos estudiado antes otras carreras por un par de años. Venía de una familia aclanada y liberal, pero él era el único machista y homofóbico. Y resultó que en su pensión sobraba una pieza y me fui a vivir allá. Al principio no éramos del mismo grupo de amigos, pero por la música empezamos a juntarnos más. Dos años después vivíamos en la misma pieza. Ambos hacíamos ayudantía para tener una entrada de dinero extra. Hacíamos clases particulares a dos primos. Y ambos teníamos beca de alimentación, así que almorzábamos juntos. Y aunque éramos muy diferentes, yo aprovechaba eso para conocerlo más. Es interesante cuando el otro es diferente. Pero tenía una cosa que me mataba. Aparte de su bien dotado trasero, era la persona más varonil que he conocido. No excesivo en los modismos, pero varonil en sus actitudes, su forma de resolver los conflictos, su facilidad para encontrar soluciones prácticas, fuera de toda sensibilidad. Siempre me encontró extraño y fue distante conmigo. Y pocas veces me demostraba cosas. Como cuando tuve un accidente, y nunca me fue a ver al hospital, pero después de años, a la orilla del mar en Horcón, me confesó que se sentía culpable por mi accidente. Todo irreal. Y más encima estaba llorando. Como que tenía mucho guardado. Luego de que salimos de la universidad se casó con su polola de años e hizo una bella familia con tres niños y un trabajo estable. Así que así nos dejamos de ver. Y hace un par de semanas en la reunión de compañeros de universidad me encontré con él. Estaba más redondo, pero con el mismo olor varonil de siempre. Acordamos que nos vendríamos juntos a Santiago, y al llegar a mi edificio esa madrugada, le dije que era gay. El se quedó helado por un momento. “¿Qué te voy a decir?”, dijo, “bien”. Y nos bajamos del auto y nos despedimos con un político abrazo. Entré a mi departamento y al cerrar la puerta no pude evitar que se me cayeran un par de lágrimas. Y entonces recordé cuán protegido me sentía.

Hace unos días, cuando estaba en la disco, se me acercó un tipo que me dijo que era hetero. Yo había llegado hace un par de horas y no lo había visto en toda la noche. Se me acercó y me hizo un salud. Yo le respondí caballerosamente. Y de nuevo se me acercó y me preguntó; “¿Eres gay?”. Le respondí que si. “Yo tengo un sexto sentido para estas cosas”, me dijo. “Si, seguro”, le contesté. Y andaba con un par de amigos a quienes saludaba desde lejos. Estereotipo de joven con polera sin mangas y pelo a lo Ballero. En esos momentos me preguntó sobre mi posición en la cama. Me quedé helado. Y sin inmutarse me confesó su afición a masturbarse con dildos. Y que le gustaría tener sexo con un hombre. Lo miré fijamente y le pregunté: “¿Estás seguro que no eres gay?”. “No”, me contestó. Y cerrando la conversación me alejé con mi trago en la mano. No pude evitar que se me saliera una sonrisa sarcástica.

Y entonces pensé cuanto han cambiado los heteros.

La Imagen es Nada, el Ser es Todo

Siempre me ha parecido extraño cuando sale un reportaje sobre gays en la tele o en los diarios. Me parece que hablaran de gente muy distinta a mí. Hace tiempo, cuando aún no asumía mi cuento, me parecía hasta morboso. Tanto Informe Especial dedicado a homosexuales y prostitutas, todos en un mismo saco, estos seres “anormales” parecía que traían la perversión y la enfermedad. Y cuando pude ver y analizar todo “desde adentro”, los reportajes siguieron pareciéndome lejanos. ¿Por qué?. No lo sé, pero tengo algunas teorías.

Hace unos domingos atrás en La Nación Domingo, apareció un reportaje titulado “La Pantalla Rosa”. Ahí se informaba sobre la irrupción de los homosexuales en la tele, graficada por Passalaquas, Falchettis, Castelles, etc. El texto no estaba mal, pero bastante superficial para mi gusto. Eso es un poco lo que me pasa con los reportajes. Al final pareciera que no dijeran nada y no entregaran ningún aporte. Tal vez espero demasiado.

Pero con lo que si estuve de acuerdo, fue en que con la presencia de tantos personajes gays en la televisión, de alguna forma se tiende a “normalizar” el tema. La gente ya se va acostumbrando al tema de la homosexualidad, cada vez menos retratada en forma asquerosa como los Yerko, Cáceres, etc., y da paso a personajes mucho más humanos que incluso sufren de la discriminación, como los personajes de Puertas Adentro (los más reales en la historia de la televisión chilena). Pero aunque el personaje de Ariel de Machos pueda seguir siendo célibe hasta el final (de acuerdo a la línea editorial de canal 13), igual es un aporte a la discusión. Al menos creo que no hay nadie en Chile que no se haya abanderizado por una posición en este tema.

Entonces, ¿por que sigo sintiendo lejanos esos retratos o esos personajes?. Creo que porque hasta el momento la imagen de los homosexuales es sólo estereotipo. Sé que el estereotipo gay actual es más variado que antes. Quiero creer que la imagen del gay afeminado se ha diversificado. Hace unos años un tipo musculoso nunca hubiera sido una imagen masiva de un gay, sin embargo, la publicidad gay internacional está llena de estos “super machos”.

Tampoco estoy con algunos dirigentes chilenos que quieren “eliminar” la imagen del afeminado, reemplazándola por una imagen varonil. El año pasado vi un reportaje de Informe Especial, y aunque me pareció mucho más abierto que años anteriores, el reportaje mostraba una serie de caricaturas o estereotipos gay: una pareja homosexual que hablaba de los cuartos oscuros, pero que pregonaba que nunca habían entrado a uno (¿); un supuesto líder que llamaba a que reconociéramos nuestro lado femenino (¿aló?), y un gay de región sin vida sexual. ¿Soy yo así?. Por cierto que no.

Quisiera que al ver un reportaje no me sintiera lejano o incluso avergonzado. Me gustaría ver tipos comunes y corrientes, sin tener que aparecer abrazados como justificando que los gays también podemos amar, sin tener que armar matrimonios para llamar la atención en el The Clinic, sin tener que aparecer célibes para no caer mal, sin tener que caer en un estereotipo que acomode a alguien.

Tal vez sea necesario abrir un poco más el espectro de la imagen gay. No todos jugamos con muñecas cuando niños, no todos odiamos el fútbol, no todos tenemos problemas con nuestro padre, a algunos de nosotros sí nos gusta la música hardcore, algunos podemos encontrar “rica” a una mujer, no todos tenemos “buen gusto”, algunos sí vamos al cuarto oscuro o al parque a tener sexo, y tantas cosas más fuera de los estereotipos. Y tal vez necesitemos que más gays salgan del closet en la televisión (porque todo Chile sabe quienes son).

Personalmente me pareció muy lejano cuando hace algunas semanas el líder del MOVIHL, presentó, junto a algunos políticos, un proyecto de ley para establecer la unión entre homosexuales, aduciendo el respaldo de la comunidad gay chilena. No voy a calificar la propuesta, porque no la conozco. Y el tema me parece interesante de discutir. Pero, ¿por qué dice que es en representación de la comunidad gay chilena?.
Yo salgo harto, voy a discos, me informo en la prensa e incluso Internet, pero en ninguna parte he visto que se haya discutido el proyecto. ¿Me representa?. No. Incluso peor, no lo sé.

¿Qué imagen se está mostrando de mí como parte de la comunidad gay?. Ciertamente una muy dispersa. Y esto es responsabilidad de los líderes de las organizaciones homosexuales, que lejos de unirse, parece que se separan cada vez más. Y esto va en desmedro de toda la comunidad, creo yo, y de la imagen que estamos entregando. Incluso, desconozco si alguna de estas organizaciones reúne a lesbianas. Parece que no.

Tal vez es muy pronto.
La lucha de los derechos homosexuales lleva relativamente poco tiempo, y ha avanzado a pasos agigantados estos últimos años. Recordemos que en Chile hace 50 o 60 años nos mataban. Esa onda. Y creo que debo ser menos acelerado y darle gracias a todos los que murieron para lograr el escenario gay actual.
Tal vez llegará un tiempo en que debamos agradecer a los Passalaquas, Falchettis, y especialmente a los personajes de Puertas Adentro. Me da escalofríos cuando José Soza le decía “mi viejo” a Luis Alarcón.
Tal vez me gustaría llegar a tener esa relación cuando viejo.
Y llegará un momento, espero, en que los homosexuales no seamos identificados como tal, ni los heterosexuales se identifiquen como tal. En donde no se tenga que exigir nuestros derechos, porque los tendremos por añadidura, como todos los seres humanos.
En donde ni siquiera haya una imagen gay, sino que exista sólo la identificación del ser.

Happy Together

¿Qué haría yo sin mis amigos?. Siempre me lo he preguntado. Seguramente podría seguir viviendo, no hay duda, pero seguramente se me haría todo más difícil. Tampoco tengo tantos amigos. Buenos, amigos, me refiero, los que han estado conmigo en etapas importantes de mi vida.
De mis amigos de colegio sólo veo a uno más seguido, y creo que sólo porque ha emprendido el mismo camino que yo.
De mis amigos de universidad sólo mantengo contacto por correo electrónico, o por teléfono. Son muy pocos los que veo una o dos veces al año.
Y sólo mantengo contacto fluido con uno o dos amigos del resto de mi vida.
Siempre es una sorpresa y un agrado encontrarme con algunos, incluso recibir correos de ese par de grandes amigos que están en el extranjero.
Y cuando viajo, intento verlos, porque me gusta alimentarme de sus experiencias. Al menos saber que están bien.
¿Y quienes son mis amigos ahora?. Los que están cerca de mí en la etapa que estoy viviendo. Y aunque sigo teniendo varios y muy buenos amigos heteros, se ha agrandado mi círculo de amigos que cotizan.
Y a algunos los he conocido por mis ex, otros por la disco, o por el trabajo.
Me acuerdo haber estado muy sorprendido la primera vez que me junté con el grupo de amigos de una pareja que tuve. Eran todos bastante simpáticos en un principio, y estoy seguro que la mayoría eran buenas personas, pero fue increíble descubrir una dinámica a la cual aun no me acostumbro: el famoso “palabreo”. Era increíble la cantidad de ácidos improperios que se lanzaban de un lado a otro. Claro que había dos que eran expertos, de lo que ellos llamaban “conchazos”. Era bastante incómodo, aunque debo confesar que a veces me parecía gracioso.

Y ahí estuvo el problema, porque en algún momento me acostumbré a esa dinámica. Pero ahora mirando hacia atrás, me pregunto: ¿por qué si eran tan amigos, se trataban tan mal? ¿por qué no se querían un poco más y en vez de lanzarse esos dichos muchas veces dolorosos, se tiraban buena onda?, ¿por qué cuando se iba uno de ellos, el resto lo “descueraba”?. Al final, esa dinámica me saturó, y por ese y otros motivos terminé alejándome. Y esto lo he visto en otros grupos de amigos, e inclusive en grupos de trabajo de personas gay que me han hecho salirme también y no trabajar más con ellos. Y creo que no soy el único.

Esto no lo he visto entre mis amigos hetero u otros que grupos hetero que he conocido. Claro que son otras dinámicas, pero dentro de mi percepción, son menos dolorosas. Hasta cuando me reuní el sábado pasado con mis amigos de universidad en una despedida de uno de ellos, llegó un momento de abrazos y buenos deseos, y hasta un momento de emoción, que me hizo sentir muy querido aunque no los vea nunca.
Y tal vez el motivo por el que no los vea tanto es porque estamos viviendo cosas diferentes. Algunos con guaguas, casados, con pololas, ya más caseros, y yo sigo yendo a las discos. Aunque es obvio que podemos conversar como siempre, los temas de interés han cambiado.
Ahora creo que tengo un grupo de amigos reducido. Tal vez uno se pone más mañoso, o más exigente (quisiera pensar que más sabio) pero al conocer gente nueva, uno se pone más desconfiado, como intentando ver si el otro está en mi frecuencia. Y al final, creo que la buena onda atrae buena onda. Recuerdo que al presentar mis parejas entre mis amigos, inmediatamente se ha creado una buena onda con todos ellos, unos más, otros menos, claro. Y con las parejas de mis amigos también pasa.
Y con mi ex polola nos preguntábamos el por qué de esa “suerte”. La conclusión es que no es suerte, sino que todos tenemos la capacidad y la habilidad de juntarnos con gente de buena vibra. Sólo debemos ser sinceros y transparentes. Lo demás, cae de cajón.
Mientras escribo esto, mi “ahijada” (tenía las mismas inclinaciones que yo, y tuve el agrado de mostrarle parte de este mundo) me llena de palabras de alegría porque iré a verla la próxima semana. Que felicidad saber que mis amigos se alegran de verme, y yo de verlos.

Claro que no todo es un lecho de rosas. Como dije tengo los mejores amigos que un hombre puede tener, pero igual me hacen rabiar.
Uno piensa que por ser amigos, tengo que pensar igual que él, ir a los mismos lugares que va él, y reaccionar de la misma forma que lo hace él. Y no sabe lo rico que ha sido cuando hemos compartido nuestras diferencias.
Una tiene la autoestima muy baja, y no sé cómo apoyarla, protegerla, y darle la seguridad que necesita. Y no sabe que muchas cosas de las que he vivido los últimos tiempos han sido apoyadas por ella.
Uno me exige demasiado, como si yo tuviera que comportarme de una manera única por ser su amigo. Y no sabe lo feliz que lo he pasado cuando hemos estado carreteando relajados.
Hay uno con el que comparto la pasión por la música, uno que se queja que no lo llamo, siendo que es él, el que no se comunica cuando está en Santiago, etc.
Y hay una amiga en el norte que es mi alma gemela, como dicen por ahí. El llanto nos une, y aunque no nos veamos nunca, nos basta mirarnos a los ojos para saber cómo estamos.
Y algunos de ellos son personas con las que alguna vez tuve algo, porque de los ex pareja como amigos ya hablé en “Los Chicos no lloran, dicen”.
Y nuestras parejas actuales ¿son también nuestros mejores amigos?. Yo creo que debieran serlo en muchos aspectos. Deben serlo. Aunque nuestro círculo de amigos es nuestra familia, y nuestra pareja nunca debe alterar eso, aunque sea un grupo de amigos como el de “Queer as Folk”.
La idea es que al preguntarnos: “¿Qué haría yo sin mis amigos?”, la respuesta pueda ser: “estaría muy solo”. Y yo no lo estoy y no lo estaré nunca, porque mientras seamos amigos, estaremos todos Felices Juntos.

El Placer de Estar Contigo

Hace un tiempo te comenté algo que dije me habían enseñado en los Talleres Psicosociales y Sexo+Seguro en la corpo. Creo que estabamos hablando del riesgo, y de las cosas que podiamos hacer para prevenir el VIH, las Infecciones de Transmisión Sexual (ITS), y hasta del embarazo. Y me refería puntualmente a la increíble cantidad de prácticas sexuales que podemos hacer sin tener que llegar a la penetración, es decir, las Prácticas Sexuales Alternativas.

En el taller que las ví, uno sobre Sexualidad, salieron muchas cosas que estaban en mi repertorio y otras que no se me habían ocurrido nunca. Pero todas tienen algo en común, que es que provocan placer. A veces escuchas una, y dices, “si, puede ser”, pero por dentro piensas “¿qué tanto será?”. Y les digo que aunque alguna práctica sexual alternativa parezca sólo erótica, depende de cómo lo hagas, dónde lo hagas, y lo más importante, con quién lo hagas. La percepción del otro como ser caliente tiene la mayor importancia. ¿Quieres conocer o reconocer algunas?. Acá va un listado que salió en los talleres y que te puede servir si quieres tener sexo seguro y no tienes un condón disponible.

Ojo. Sin trampa. Dejemos fuera todo lo que tiene que ver con el sexo oral, pues es de bajo riesgo (el problema está si eyaculan en tu boca), y el Beso Negro se llama?, pues hay posibilidad de que se transmita la hepatitis u otra enfermedad.

Aquí van:

  1. Abrazar. Esto es rico para comenzar, terminar, intercalar, e incluso se puede hacer en público. Incluso hay versiones: abrazar por detrás, o cuando estamos durmiendo juntos, las famosas cucharitas.
  2. Besar. No hay nada más erótico que unir ambas lenguas. Tengo excelentes recuerdos de besos, aunque no haya pasado nada más que eso. Besar por horas, deja caliente a cualquiera.
  3. Caricias. La piel es nuestro “órgano” más extenso. ¿Qué mejor que acariciar y tocar?. También pueden hacerse en otras versiones, como frotarse en el otro, dar pequeños golpecitos, o hacer o que nos hagan un masaje, que puede ser tanto o más erótico dependiendo de en donde se haga. Ojo que los masajes anales pueden ser extremadamente placenteros.
  4. Desvestir al otro. Que mejor que comenzar una sesión, desnudando al otro. Y algunas cosas se pueden sacar con la boca. En desvestir al otro no hay ningún apuro, y podemos darnos todo el tiempo del mundo. La idea es explorar.
  5. Clásicos. Podemos lamer todo su cuerpo o chupar partes de él, gemir y hasta gritar, la siempre posible masturbación mutua, y el vouyerismo (a quién no le gusta mirar aunque sea un poco, o “cuartearse”).
  6. Juegos. El sexo puede ser más divertido si incluimos juegos. Abramos nuestra imaginación y podríamos: escondernos (si te encuentro vas a ver lo que te hago), bailarle al otro (de caliente no más pues), darle de comer (como en 9 ½ semanas), o comer del cuerpo del otro (el chocolate por ejemplo). Podemos disfrazarnos y actuar como en un juego de roles (tú puedes estar a su disposición), podemos ducharnos juntos, bañarlo, mojarlo (si su slip o polera es blanca, mejor), o afeitarlo (desnudo, obvio), o inclusive depilarlo (para los que les gusta). Podemos ver porno, leer textos eróticos o historias tuyas (apuesto que tienes algún recuerdo caliente en donde no hubo penetración), compartir bebidas o saliva (uf, esto ya se está poniendo bueno), usar objetos, dildos (una visita a un sex shop no está de más en estos días), otros niveles de caricias como son las nalgadas, o el rasguñar, pellizcar, apretar, aplastar, pisar, e incluso morder (si yo lo mordería!), mascar (con cuidado) y hasta usar la rudeza, tironear o golpear (bajo la cuidada reacción del otro), o hasta vendarse o amarrarse a la cama. Tal vez gatear (esa me encanta), o cosas menos comunes, pero no por eso no posibles, como la lluvia dorada, lucha de cuerpos desnudos, quemar con esperma de una vela (a lo Ricky Martin), o drogarse juntos (el autocontrol es importante en este punto).
  7. Usar la tecnología. Si nuestro amigo está lejos, igual se pueden hacer cosas, como: sexo por teléfono (aunque he escuchado que la mayoría lo menosprecia, es porque seguro que no lo han experimentado), o el chat (masturbarse cuidando el teclado), y mejor si es con Cam. Incluso nos podemos filmar desnudos.
  8. Para los avanzados. Hay cosas simples que puedes hacer, y son muy placenteras si estás con el hombre indicado. Y puedes acabar millones de veces, incluso sólo con la mente: dormir juntos, despertar juntos, llorar, verse en un espejo, fantasear, exigir, incitar o provocar (¿qué?. Cualquier cosa), pulsar la piel, puntear al otro (en un supermercado o en una micro cuando van juntos), rozarse, rozar con las pestañas la cara del otro, o respirar en la nuca del otro, saborear juntos una comida, sentir la barba del otro en el hombro (por ejemplo), soplar, sudar (en cualquier situación), susurrar o suplicar algo, tirar el cabello o los vellos del otro suavemente, y si estás en la playa, tal vez usar arena caliente para cubrir el cuerpo del otro (esa no la sabía y es espectacular), escuchar, mirar, observar, oler y reír.

En fin, ser.

Cuba, no pienses en el dolor, piensa en el placer...

Por esas cosas de la vida, tuve la suerte de que mi trabajo quedara seleccionado para una presentación oral en un Congreso que se llevó a cabo en La Habana del 7 al 12 de Abril, y por arte de magia, me vi subiendo a un avión una madrugada.

Cuba nunca fue uno de mis lugares deseados para visitar. No me gusta la salsa, y Fidel con su revolución, y el embargo, me parecían algo muy lejano. Además, eso de que el que sale no puede entrar me parece insólito, demasiado en contra con mi idea de derechos humanos.

Llegamos con una humedad abrumadora, y luego de toda la paja del hotel, esa misma tarde, partí al centro. Desde el taxi me encontré con un paisaje precioso, tanto la vegetación como la arquitectura son increíbles. Unos árboles con muchas raíces y unas casas fantásticas producto de todo la plata que había antes de la revolución (ahora esas casas son ocupadas por embajadas).

Luego de un paso bajo nivel recorrimos el famoso Malecón, que es como una costanera de 7 km. en donde en las noches se reúne mucha gente. Ahí empecé a ver edificios y casas muy antiguas, casi como que hubiera habido un bombardeo, y entonces llegamos al centro turístico, conocido como La Habana Vieja. Llegamos a la Plaza de la Catedral que era un lugar precioso, con piso de piedra y rodeada por los 4 costados y con calles muy angostas. Todo era como antiquísimo, pero lo que me mató, fue que en el restorán había un grupo de música estilo Buena Vista y un viejito bailando con un bastón. Increíble la escena.

Y luego la realidad. Los cubanos suelen acercarse a los turistas para pedirles algo (dólares, comida, etc.), y son bastante insistentes. Aunque te duela el alma, lo mejor es ser cortante. Y ese mismo día supe algo que me gustó. Se puede tomar en la calle. Eso sí, para los cubanos no es muy barato, así que no recuerdo haber visto gente borracha en las calles (excepto los turistas, claro). A los extranjeros nos conviene el cambio, así que la comida no es muy cara, inclusive lo más caro que se puede encontrar son los precios similares a los de un restaurante de acá. No hay que perderse los mojitos.

La ciudad es increíble. Me lo caminé todo, y pude ver cómo esa ciudad se quedó en el pasado, con la mayoría de vehículos antiguos, y muchos edificios en el suelo. Eso si, hay edificios como el Capitolio (reproducción del gringo), el Teatro, la Plaza de la Revolución, que son espectaculares e impresionantes por la historia y el significado de ellos. También un día fui a la playa Santa María (no fui a Varadero, porque no quise ver muchos turistas), con una arena espectacular, mar color turquesa y con mucho que mirar.

Una de las mejores cosas que encontré, fue que no hay publicidad comercial ni en las calles ni en los caminos. Y los paisajes se ven bonitos, limpios. Hay publicidad, pero del tono “No malgaste la luz”, “No derroche el agua”. Fue como ver la diferencia real entre ese modelo y el capitalismo cuyos mensajes subliminales son “consume”, mientras que en Cuba es “ahorra”. De vez en cuando aparece un cartel alusivo a la revolución, pero eso inclusive se agradece, ya que son levanta ánimos con palabras como “fuerza”, “victoria”, etc.

Lo malo, siempre será ese asunto extraño que se refiere a no dejar salir a los cubanos de Cuba. Y los que llegan a salir, sea en balsa a Miami, a estudiar o por carta de invitación, no pueden volver. Y está lo trágico que pasó cuando yo estaba allá, que fusilaron a tres personas que raptaron una lancha para llegar a Miami. Sin comentarios al respecto. En el Congreso estuvo Fidel, y aunque es una impresión ver un personaje histórico de esa naturaleza (me dio escalofríos), el tipo es del estilo Pinochet, o sea, con discursos largos (habló cerca de 3 horas) y hablando de casi cualquier cosa.

La homosexualidad no está permitida en forma explícita. Si los policías que están cada dos cuadras, te ven haciendo algo concreto, es posible que al cubano lo multen y a ti te hagan pasar un buen susto. Sin embargo, hay una disco camuflada que queda en el Malecón, una playa un poco más allá de Santa María, y está la famosa heladería Coppelia, en cuya esquina se junta la mayoría de los gays (es impresionante el desfile).

Y hay fiestas clandestinas. Viernes, Sábados y Domingos. Es raro porque estás parado en esa esquina y se te acerca un taxista: “¿Taxi para la fiesta?”. Yo no tardé mucho en decidirme y llegamos a una fábrica abandonada en el medio de un campo. La fiesta era al aire libre y había un DJ con música de la época de la Soviet de Viña. El bar vendía botellas de ron con la bebida cola de allá, "TuCola", así que todo pasando. Y mucha, mucha gente. Después de la segunda botella de ron y de hablar con media Habana, me di cuenta que la fiesta se había acabado. Todo en Cuba cierra a las 2, y algunas fiestas, como esta, a las 3 de la mañana. El taxista había quedado de ir a buscarme así que de repente apareció y me llevó directamente al Malecón, que es donde se juntan los gays después de la fiesta. Ahí estuve conversando con la otra mitad de La Habana hasta las 6 de la mañana.

Y hay otro tema. No sé si es por el embargo o por otra cosa, pero Cuba es un país, a nuestros ojos chilenos occidentales, muy pobre. Tampoco hay opciones o posibilidades de acceder a cosas materiales aunque trabajes (puedes conocer cubanos que ganan 5 dólares mensuales). La salud es gratis, al igual que la educación, y los cubanos tiene derecho a mercadería dos veces al mes, lo que me parece un buen modelo, pero éste se cae al no dar las oportunidades de optar a algo mejor. Y es por eso, creo yo, que muchos cubanos hacen favores a cambio de dinero, sexo, o hasta te piden dinero directamente. Y hay algunos que se “aseguran” estando contigo para tener comida o dinero por unos días. No tienen dinero, así que si conoces a alguien, tendrás que pagar todo doble.

Yo personalmente no considero que eso sea prostitución (sin pensar en juzgarla tampoco), pero creo que para muchos cubanos es la forma de acceder al dinero para comer o inclusive movilizarse. Y eso para mí es un tema cultural, y quién sabe si uno no haría lo mismo?.
Y el tema es complicado (para uno que viene del capitalismo) porque es fácil para uno juzgar y decir: “pobrecitos, tienen que prostituirse, que pena”. Pero creo que no es así. Creo que tienen una necesidad y sólo la están satisfaciendo. Yo lo considero trueque, no prostitución. Esa forma de comercio básica de las sociedades antiguas. Y tienen una sociedad que si satisface las necesidades básicas (salud, educación gratis), pero que no satisface las necesidades de auto realización.

Y es cierto que uno puede "estar" con cualquier weón rico (hay cubanos con cuerpos increíbles), pagando o no pagando, jabones más o shampoos menos, pero lo que podría ser una subida de ego, no lo es tanto, porque nunca sabrás si le gustas al tipo o no. A no ser que no te cobren o no te pidan favores. Y si tienes buena suerte conocerás muchos cubanos que son muy buenas personas, a las que sólo les ha tocado vivir esa vida, pero que sin duda, no se rendirán. Tienen una entereza de acero. Por mucho que les duela, igual saben gozar.

Dedicado a Tom de Finlandia.

La Insoportable Gravedad del Riesgo

Hay riesgos en todos lados. Hay riesgos en la calle, en la oficina, en la casa, en el cine, en la disco o en el sauna. Y hay riesgos y riesgos. Hay un riesgo a caer mal (aunque a quién le importa), riesgo a perder plata (la que no tengo), riesgo a perder el tiempo (muy común), riesgo a que te vean en pelotas (para los que no vamos al gimnasio), el riesgo a ser feliz (no faltan los audaces), o incluso el riesgo a equivocarse (y quién no).

El arriesgarse a algo, a un desafío por ejemplo, siempre tendrá un fruto en el aprendizaje, sea bueno o malo. Eso no lo sabremos si no nos arriesgamos. El que nada arriesga, nada gana, dice el dicho. Hace un tiempo estuve en Coyhaique y me encontré con mucha gente joven de Santiago que en un arranque inesperado de búsqueda de mejorar la calidad de vida, se habían ido a vivir allá. El cambiar una ciudad tan ajetreada como ésta, a una ciudad bastante tranquila como esa, implica dejar de lado muchas cosas, pero ganar muchas cosas también. Con un cambio, que implique riesgo, se gana y se pierde. Yo mismo me arriesgué una vez yendo a mochilear a un país del norte. Pasé hambre incluso, pero lo comido y lo bailado, no me lo quita nadie. También recuerdo a mi primera pareja, que se arriesgó luego de conocerme y fue detrás mío hasta Valdivia. Luego sabría yo que esa no era una de sus virtudes, el arriesgarse. Pero por lo menos esa vez lo hizo, y estuvimos 3 buenos años juntos. Siempre lo admiraré por eso. El riesgo puede cambiarnos la vida.

Y por supuesto que hay riesgos que creo no vale la pena correr. No voy a poner las manos al fuego si es que me voy a quemar, a no ser que sienta placer al hacer eso (masocas habemos en todos lados, y estamos encubiertos, ja!). No voy a arriesgarme a viajar en la pisadera de una micro si es que existe el riesgo de caerme o no voy a dejar que mis sobrinos jueguen con un cuchillo si se pueden cortar. Y como contraparte a este hecho existe la prevención. No pongo las manos al fuego desde un principio, no me subo a la pisadera de la micro y no dejo los cuchillos encima de la mesa si mis sobrinos andan jugando por ahí. Prevenir antes que curar. Y así obtenemos la ansiada seguridad.

Y ahí está, el infaltable riesgo del VIH. Afortunadamente, este es un riesgo que podemos prevenir y controlar. Nosotros tenemos el poder en este riesgo. ¿Y para qué correr ese riesgo?. Si es tan fácil prevenir y evitar la transmisión (o la retransmisión). Ya casi todos sabemos cuándo estamos frente a ese riesgo. Cuando tengo sexo, o por el uso de jeringas (que en mi caso es nulo). Además del caso de las madres embarazadas, claro. Y más en especifico, en la penetración o si me trago el semen. ¿Y cómo me prevengo entonces?. Obvias las posibilidades para el primer punto. 1. No hacer nada con nadie. La nunca bien ponderada abstención, o sea, salvándose a pura manuela. 2. Tener sexo sin penetración. Las que podrían llamarse las Prácticas Sexuales Alternativas que son todas las cosas que podemos hacer sin tener que llegar a la penetración, como la masturbación mutua, el 69 y hasta sólo acariciarse para los más románticos. Un día de estos les contaré las cosas interesantes que se pueden hacer y que aprendí. 3. Tener sexo con penetración y con preservativo. La gran vía que casi todos usamos.

Creo que una de las mejores invenciones ha sido el condón, porque asumiendo el tiempo que nos tocó vivir, nos da la completa seguridad para disfrutar de algo tan exquisito como es el sexo penetrativo. Eso sí que hay que usarlo bien. Saber ponerlo y sacarlo. Tiene su técnica bastante fácil, pero hay que saberla. Además que lo encuentro higiénico. Yo lo visualizo como algo similar al cepillo de dientes. Puedo lavarme los dientes con el dedo y con agua, pero así me voy a llenar de caries en algún momento. Y a algún genio se le ocurrió inventar el cepillo y la pasta y transformarla en algo tan imprescindible que me hace devolverme a la casa cuando voy de viaje y el cepillo se me queda. Así, si tengo sexo sin condón, aparte del embarazo si tengo sexo con una mina, se me pueden transmitir algunas enfermedades venéreas (son caleta), o hasta el VIH. Y claro que también hubo un genio al que se le ocurrió inventar el condón y el lubricante, y ahora esto se ha transformado en algo tan imprescindible para mí, como el cepillo de dientes, si es que voy a tener sexo. Esas son cosas que no pueden faltar, de primera necesidad. Y otra cosa importante. El condón nos da seguridad. La seguridad necesaria para que toda la experiencia sexual sea un placer, inclusive el después. El recordar un buen sexo es genial. O sea, penetraciones placenteras y seguras. El riesgo se puede prevenir, y esa seguridad, es impagable.
Y con respecto al semen, bueno. Ya sabemos que a veces es re “jot”. Lastima que eso ya no se puede hacer, ese es un riesgo que tampoco vale la pena correr. En mi opinión, encuentro más “jot” terminar afuera, que la tontera se vea, se sienta, cómo viene caliente y ver cómo salta (si es que salta!), junto con la cara que ponemos los hombres al acabar (tema de mi próxima exposición fotográfica). No hay nada más sexy que una baja espalda llena de semen. O un pecho…o un cuello…o un pelo…o unos dedos…o…uf!!!. En gustos no hay nada escrito. Pero en riesgos, sí.

Una Eva y Dos Adanes

A veces echo de menos muchas cosas. Amigos que ya no veo, amores que pasaron, o inclusive cosas que tuve. Pero a veces también echo de menos otras cosas, como sensaciones, situaciones, etc. Y he llegado a la conclusión que eso es lo que se echa de menos. Una conversación con ese amigo que ya no veo, esas caricias de ese amor que pasó, o ese sentido de propiedad de esa cosa que era sólo mía.

Recuerdo cuando me gustó la primera mina, esa sensación incómoda, ese dolor de guata, esa inseguridad acumulada. Recuerdo mi primera polola y la poca gracia de sus besos en el cine. Recuerdo mi primera pareja mina cuya alegría y risas adoraba, y su pasión por el baile y la música, que me hicieron aprender a quererla. Recuerdo que íbamos al César en Reñaca o a la Scala de Viña a bailar toda la noche, a reír sin siquiera tomar más que una cerveza.

Y luego vino el sexo. Irresistible, tierno, sensible y cálido. Bello. Su humanidad y pasión me protegían de algo que yo no quería ni siquiera pensar. Que tal vez yo buscaba algo diferente, aunque igual de intenso.

Ya los años pasaron, y mis parejas empezaron a tener más vellos y esas curvas cambiaron para convertirse en rasgos fuertes y con extensiones que sólo veía en mí. Y tal vez eso era lo que yo buscaba, la ambigüedad de una necesidad de protección mezclada con una necesidad de proteger, y todas esas cosas indescriptibles, indescifrables e indefinibles de alguien de mí mismo sexo. Y ese sexo que sólo dos personas del mismo sexo pueden tener.

Pero, a veces, la echo de menos, o más bien, las echo de menos, a todas las mujeres. Las situaciones, las risas, las alegrías de una amistad infinita y de un cariño que traspasa mi género. Una vez escuché decir: “Yo amo a la persona. Podría enamorarme tanto de un hombre como de una mujer”. Yo no estoy seguro. Es posible, porque el amor tiene mil formas. Pero un enamoramiento, de esos que te mueven el piso y te dejan marcando ocupado, creo que viene definido solo por tu orientación. Y tal vez el sexo (hablando del sexo como un todo, olor, sabor, acto, caricias, etc.) sea lo que cambie.

Y ni eso. El sexo con ellas es diferente. No creo que sea mejor ni peor. Sencillamente diferente. Y hay mujeres que son bellísimas. No hablo de una belleza tradicional, que todos podemos ver, sino de mujeres que tienen una sensualidad a flor de piel. Cuando vemos un hombre conocemos su sensualidad animal, fuerte, el cuerpo, su piel, su andar despreocupado, su actuar masculino. Y las mujeres tienen como ese opuesto que es una sensualidad delicada, movimientos graciosos, su cuerpo curvilíneo, su andar característico que mueve lo que no se ve pero se trasluce, y su mirada femenina. Esa femineidad que es exacerbada por los transformistas, que en ellas es propia. Las mujeres son seres de otro mundo.

Y por sobre todo, son nuestras amigas, la compañera ideal de nuestros bajones, las que nos dan la opinión certera, el comentario inusual, el pensamiento extraño. La otra cara. No serán tan expertas en los hombres como nosotros, pero ese hombro y ese apoyo es invaluable. Además que con ellas se puede bailar a más no poder sin preocupación, empatizan caleta con las viejas, y te tiran de vez en cuando ese comentario al pasar: “viste ese weón espectacular?. Me miró a mí”, y tú dices ”No, me miró a mí, seguro que es gay”.

A veces echo de menos eso, cuando no había que elegir. Sólo estabas con quién deseabas. Y lo que deseabas, podía ser tan sencillo como salir a bailar o a tomarse un trago. A veces pasar tiempo con una amiga es lo mejor que puedes hacer, porque nunca sabrás que se traen entre manos.

Por eso he decidido estrechar mis lazos con mis amigas y por qué no con sus pololos. Al final estamos ambos queriendo a la misma mujer. Aunque la intención sea diferente. ¿O no?.

¿Con quién voy al matrimonio?

Ya se me habían olvidado estas situaciones incómodas. Ya con varios años afiliado a esta Isapre, las cosas parecían estar andando bien. El que tenía que saber, sabía, el que no, no. Así de simple. Y con la facilidad de que mi familia vive en provincia (aunque saben), y mis amigos de universidad que los veo tarde, mal, y nunca, todo iba viento en popa. Claro que con tormentas de vez en cuando, pero todas dentro de este ambiente.

Y la voz en el teléfono no la reconocí. “Soy yo, el Toño”, escuché, con un sonsonete medio gangoso y con esa risa que me llevó de inmediato a esos años de infancia. “Oye, juntémonos con el Antonio que les quiero contar una cosilla”. Y ahí recordé quién era y cómo hablaba. El Toño era un amigo del colegio de curas donde estudié. Eramos tres los que nos juntábamos más (en realidad éramos siete, pero los otros se perdieron en el camino) y Toño era de los típicos hombres que pololean AÑOS con sus pololas. Con su polola actual, ya llevan 6 años. Me preguntaba dónde m… había conseguido mi número.

Y un jueves en la tarde me encontré comiendo en el depto. de Antonio y viendo como Toño nos entregaba los partes de matrimonio. “Ya era hora”, fue lo único que alcancé a decir. La ceremonia en la capilla del colegio y la recepción en el único centro de eventos de Quillota, me parecieron demasiado. Justo cuando veo la fecha. ¡El día de mi cumpleaños!. Más encima tenía que embarrarme la fiesta. “No pueden faltar”, dijo, con una cara de cordero degollado. “Es importante para mí que ustedes estén ahí”, recalcó. Antonio parecía super entusiasmado, y el recuerdo de aquellos años y la sana entretención de entonces, me terminaron por convencer. “Por supuesto que voy”, le dije.

Llegué a mi casa, aún recordando los años de colegio, el amigo que me gustaba, y las varias pololas que tuve. Nada mal. Tengo buenos recuerdos. Llamé a mi vieja para contarle. “El Toño se casa”, le dije. “¿Con quién?”, “con la hija de fulanita de tal, la dueña del centro de belleza”, “ah, ¿y con quién vas a ir?”.
Me quedé helado.
Silencio.

Esa noche empecé a pensar en mi situación. ¿Con quién c... voy al matrimonio?. Tengo un par de buenas amigas, pero están muy lejos, y otras están de vacaciones, y convencerlas a viajar, más encima por un matrimonio de alguien que ni conocen, ni hablar. Y entonces empecé a pensar, ¿por qué m… tengo que llevar a alguien?. Bueno, la respuesta era simple. Porque no me quiero aburrir, por supuesto. Ni pensar en pasar la noche bailando con las hermanas solteras de Toño o con una tía de la novia. Luego pensé, ¿y por qué tengo que llevar a una mina como pantalla y por qué no mejor llevo algún amigo?. La respuesta también era simple. Primero, que si convenciera a algún amigo a que fuera (tendríamos que ir con un par de whiskys encima para adquirir la seguridad de confrontar cualquier situación homofóbica) seríamos la comidilla de la fiesta. Y además mi vieja una vez me dijo: “La novia tiene que ser el centro del matrimonio, es su día”. Puede que no sea para tanto, pero es cierto que es el día del matrimonio del Toño, y por mucho que me dé lo mismo mostrarme como soy, todo el mundo recordaría el evento por “los maricones” y no por los novios. Y por muy “maricón” que yo sea, Toño es mi amigo.

¿Con quién más puedo ir?. Pensaba y pensaba, intentando repasar mi lista de amigas. No, la Noriko está en Mexico, la Paulina en San Pedro, la Pamela en Aysén y la Carmén Gloria, recién tuvo guagua. Después recordé a una antigua amiga que canta como los dioses, y que solía andar detrás mío. La Andrea había tenido un matrimonio frustrado y siempre me llamaba con cariño. Aun me escribía correos como si el tiempo no hubiera pasado. La llamé, y quedamos de juntarnos en un restaurant en Viña. Esa noche la vi llegar con su muy simpático pololo (con un cuerpo que casi me hizo invitarlo a él a otra cosita) y la invité. Dijo que tenía que pensarlo. Hacía tiempo que una mujer no me dejaba esperando. Y me dijo que no, porque aunque le parecía que no había problema, el pololo le había dicho que no tenía ningún problema, pero la idea de que él pudiera después hacer lo mismo con una amiga, la molestaba. Entonces, siguió el sabio consejo de su abuela: “no hagas lo que no quieres que te hagan”. Más encima me dijo que no. Ley de Murphy, pensé.

Y me cansé de pensar y de buscar en mis agendas antiguas. En realidad el asunto no es para tanto, pensé, es una fiesta común y corriente, puedo ir solo, sentarme en una mesa a tomarme unos whiskys y cagarme de la risa de los que bailan mal, o a mirar algún trasero prometedor. Y no hay familia que no se reconozca como tal, con un tío o un primo de la onda. Inclusive podía llevarme más de una sorpresa.

En eso estaba, cuando entra a mi oficina mi ex - secretaria, y me pregunta: “¿qué vas a hacer el fin de semana”, y le respondo: “el sábado tengo un matrimonio y el domingo es mi cumpleaños”, “Ah! ¿qué quieres que te regale?”, “¿puedes ir conmigo al matrimonio?”, “mmm…no tengo ropa…, pero bueno ya”.
Me quedé helado.